miércoles, 30 de enero de 2008

Candy


Era un lluvioso día de marzo. Allí estaba ella cumpliendo con su labor matutina: ordenar las gominolas y rellenar las cajas vendidas para cuando llegasen los niños. Sabía que pocos iban a venir ya que sus madres no les dejarían salir con lo malo que hacía, pero debía vender por el bien de su puesto.

En ese momento quedó eclipsada por lo que veía: un apuesto joven de lacios cabellos y grata sonrisa entraba en su puesto.
Ella pensó que iría a comprar gominolas para sus hijos o quizá sobrinillos y llegó a la conclusión de que algunas mujeres son muy afortunadas de tener un hombre como él.

-quiero todo eso - señaló al estante con más gominolas de toda la tienda.
-esto... está seguro? son muchos dulces. Desde luego que debe tener muchos niños a su cargo si necesita todo eso.

Él se limitó a sonreír con gracia y a pagar la alta cuantía de las gominolas.

-Aunque no lo sepa, usted acaba de ayudar sobremanera a la industria del dulce humano.

Y se marchó.

La tendera no comprendía que ocurría. Pero el día transcurrió sin más sobresaltos.

Pasaron un par de meses y a la chica de la tienda le llegaron nuevas mercancías y las novedades del mercado.
Había unos dulces un tanto extraños. Ponía lo siguiente: "gominolas de los deseos, si no atreves a descubrir que es realmente lo que anhelas no las compres".

-Curioso - dijo la chica y cogió una para probarla.
-Al menos son de sabor agradable. Eso de ser gominola tiene que ser interesante. Ójala lo descubriese.

Y otro día sin mayores percances.

Miércoles: 8h de la mañana. Es la hora de despertarse. La chica lleva escrito la palabra Candy en su pecho y siente como que fuese de goma.

-Q... uhm!!!. No podía hablar.

-¿Qué ocurre aquí? - pensó

Se notó inmóvil, como que fuese de gelatina y con unos cristales muy extraños pegados en su cuerpo. La chica Candy estaba atemorizada.

De repente ve como una gran pinza la coge y la pone en una bolsa de plástico. El traqueteo es insoportable y además falta el aire. No sabe si éste sera su fin.

Acto seguido y sin previo aviso se hace la oscuridad y un corte seco dejando el cuerpo roto termina el trabajo al fin.

Viernes de la misma semana. Una noticia en el periódico. Aparece cortada en dos la propietaria de un puesto de gominolas local.

EL ASESINO DE LAS GOMINOLAS HA VUELTO A ATACAR. El macabro ritual consiste en convertir a las chicas en auténticas gominolas a tamaño real drogándolas para inmovilizarlas y después embadurnarlas en gelatinas para dotar a su piel de aspecto viscoso para cercenarlas mientras aún siguen vivas [...]



-Ey chico, un periódico.
-Si señor - contesta el ayudante del quiosco a un hombre de lacios cabellos. Aquí tiene.
-Al fin supo el sinvivir de las gominolas.
- ¿decía algo, señor?
- No nada. Solo que los dulces saben mejor recién hechos.

jueves, 3 de enero de 2008

Sexo secreto


Bueno... año nuevo... mismas reflexiones... así que comencemos con la primera del 2008.

El título de este post lo robé de un capítulo de Sexo en Nueva York (serie que yo por cierto recomiendo). En ese capítulo se habla de porqué a veces se ocultan las parejas... ¿tenemos acaso vergüenza de con quien estamos saliendo? ¿qué clase de seriedad es esa? pero bueno... me voy de tema porque no es de eso de lo que quiero hablar.

Ay ya parezco Carrie escribiendo algún artículo de su columna (estoy como una cabra, lo sé)

Bueno el caso es que el otro día yendo por ahí se habló de las clases de mujeres que existen. Refiriéndose a tema de comportamiento claro, porque todos sabemos que hay chicas altas, bajas, morenas, rubias, pelirrojas.... pero ese no es el caso aquí.
Ayer oí decir que hay dos tipos de mujeres: las mujeres en sí y las hombras.
Mujeres: a veces saben aprovechar su sexualidad y otras no... suelen ser en el tema sexual del montón y además hay que alabarlas con multitud de halagos para conseguir llevárselas al huerto. Así suele ser la mayoría del sector femenino.
Hombras: son llamadas así las mujeres que se comportan en el tema sexual como los hombres. Para casi la mayoría del sector de los mortales son las llamadas putas, aunque la mayoría de las veces sea por una mera cuestión de envidia debido a no tener ningún reparo en su actitud totalmente libre. Otras simplemente es por miedo a que una mujer pueda dominar en el tema sexual siendo libre de pedir o recibir a voluntad. Una mujer poderosa siempre da miedo.

Me hizo mucha gracia que hombres con los que me encontraba quisiesen clasificar a todas las mujeres que estábamos presentes para ver en qué grupo de los dos podíamos encajar mejor...
¿en serio que todas las féminas estamos en alguno de esos dos grupos? ¿o mojigatas o putones? ¡que pena me da quién piense así!

Aunque bueno más pena me da quién cree que porque un hombre haga eso hay que alabarle y adorarle como el dios supremo y sin embargo cuando es una mujer quien lo hace solo se le ocurre decirle que se vaya a ponerse en una esquina abierta de piernas... eso si que es de ... mejor no digo lo que pienso que podría saltar demasiadas palabrotas para una misma frase.

¿Acaso debemos mantener en secreto las relaciones que tenemos por que nos vayan a llamar mujeres de vida liviana? ¿o es que solo por el hecho de ser mujeres debemos repudiarnos al acto meramente reproductivo y no podemos disfrutar de lo que la vida nos ofrece?

Yo lo que creo que voy a hacer es anunciar sin reparos que aquí estoy, tirándome a los tíos que me da la gana y no por ello voy a acurrucarme en un rincón para que me vengan las lluvias de críticas.

¡Soy una hombra! ¿y qué? Si tenéis envidia... no es mi culpa.