
Era un lluvioso día de marzo. Allí estaba ella cumpliendo con su labor matutina: ordenar las gominolas y rellenar las cajas vendidas para cuando llegasen los niños. Sabía que pocos iban a venir ya que sus madres no les dejarían salir con lo malo que hacía, pero debía vender por el bien de su puesto.
En ese momento quedó eclipsada por lo que veía: un apuesto joven de lacios cabellos y grata sonrisa entraba en su puesto.
Ella pensó que iría a comprar gominolas para sus hijos o quizá sobrinillos y llegó a la conclusión de que algunas mujeres son muy afortunadas de tener un hombre como él.
-quiero todo eso - señaló al estante con más gominolas de toda la tienda.
-esto... está seguro? son muchos dulces. Desde luego que debe tener muchos niños a su cargo si necesita todo eso.
Él se limitó a sonreír con gracia y a pagar la alta cuantía de las gominolas.
-Aunque no lo sepa, usted acaba de ayudar sobremanera a la industria del dulce humano.
Y se marchó.
La tendera no comprendía que ocurría. Pero el día transcurrió sin más sobresaltos.
Pasaron un par de meses y a la chica de la tienda le llegaron nuevas mercancías y las novedades del mercado.
Había unos dulces un tanto extraños. Ponía lo siguiente: "gominolas de los deseos, si no atreves a descubrir que es realmente lo que anhelas no las compres".
-Curioso - dijo la chica y cogió una para probarla.
-Al menos son de sabor agradable. Eso de ser gominola tiene que ser interesante. Ójala lo descubriese.
Y otro día sin mayores percances.
Miércoles: 8h de la mañana. Es la hora de despertarse. La chica lleva escrito la palabra Candy en su pecho y siente como que fuese de goma.
-Q... uhm!!!. No podía hablar.
-¿Qué ocurre aquí? - pensó
Se notó inmóvil, como que fuese de gelatina y con unos cristales muy extraños pegados en su cuerpo. La chica Candy estaba atemorizada.
De repente ve como una gran pinza la coge y la pone en una bolsa de plástico. El traqueteo es insoportable y además falta el aire. No sabe si éste sera su fin.
Acto seguido y sin previo aviso se hace la oscuridad y un corte seco dejando el cuerpo roto termina el trabajo al fin.
Viernes de la misma semana. Una noticia en el periódico. Aparece cortada en dos la propietaria de un puesto de gominolas local.
EL ASESINO DE LAS GOMINOLAS HA VUELTO A ATACAR. El macabro ritual consiste en convertir a las chicas en auténticas gominolas a tamaño real drogándolas para inmovilizarlas y después embadurnarlas en gelatinas para dotar a su piel de aspecto viscoso para cercenarlas mientras aún siguen vivas [...]
-Ey chico, un periódico.
-Si señor - contesta el ayudante del quiosco a un hombre de lacios cabellos. Aquí tiene.
-Al fin supo el sinvivir de las gominolas.
- ¿decía algo, señor?
- No nada. Solo que los dulces saben mejor recién hechos.

