viernes, 8 de agosto de 2008

Miau


Érase una vez un gatito indefenso. Vagaba por el mundo buscando un hogar ya que era un gato callejero pero nadie quería estar con un espíritu libre, con alguien a quien no poder controlar.

Tuvo muchos dueños, pero con todos terminaba igual: otra vez en la calle.
Todos querían domesticarle, todos querían minar su libertad.

Es muy fácil acariciar a un gato, pero es muy difícil no querer domesticarlo.

Estando en la calle también tenía gente que al verle se paraban a acariciarle pero solo con caricias no podía alimentarse. Eso estaba muy bien claro, los mimos siempre son bien recibidos, pero no era suficiente.
Además el pobre gatito estaba solo y necesitaba de compañía.

Hace un tiempo conoció a un dueño distinto: le trataba bien, le alimentaba, le cuidaba y le acariciaba... era todo lo que él quería pero había algo que no cuadraba: el dueño también era un espíritu libre.

Eran tan distintos que o estaban siempre bien, o estaban siempre mal.

Y hubo un día en que el gato se tuvo que ir de la casa.

Al tiempo el dueño encontró otro gato a quien cuidar, pero ya no era lo mismo... no era su gato... era tan distinto que un día empezó a buscar a su gato hasta que le encontró de nuevo y volvió a cuidar de él pero tampoco era lo mismo... también estaba cuidando del otro gato.

Uno sabía que estaba mimando a los dos, el otro no, pero se temía que así fuese...

Hasta que llegó un día en que no sabían que hacer.


-Mi gatito, ¿qué vamos a hacer?
-Miaaaaaau
-Suicidémonos... juntos.

Hay historias de amor que no se sabe si son imposibles o simplemente son más que todo eso.

No hay comentarios: