
Una identidad perdida, una imagen que no se refleja, una lágrima que no se siente, una hipocresía que no se termina.
Ríos y ríos de ideas sobresaturadas de mensajes recorren mi cabeza: acércate a esta persona, aléjate de esta otra y no te fíes de aquella que te mira de soslayo. Barcazas de sueños, de planes, de venganzas, de recuerdos y de muchas lágrimas.
Dejad que me revuelva el pelo, odio esta maldita sobriedad, este grito continuo me está dejando afónica.
Hay voces que me sugieren y voces que me ordenan. Que me incitan a ser como soy, querida por muchos, me dicen, odiada casi por otros tantos al menos y mientras pequeñas mariposas van ordenando en mi mente el montón de nombres, con el montón de caras: tú a los buenos recuerdos, a ti te tiro porque quiero olvidarte y tú… al cajón de las posibles sorpresas.
Y todo esto ocurre mientras enloquezco. Quizá el mundo es demasiado complicado, o quizá sea yo y resulta que todo es más fácil de lo que imagino.
Ríos y ríos de ideas sobresaturadas de mensajes recorren mi cabeza: acércate a esta persona, aléjate de esta otra y no te fíes de aquella que te mira de soslayo. Barcazas de sueños, de planes, de venganzas, de recuerdos y de muchas lágrimas.
Dejad que me revuelva el pelo, odio esta maldita sobriedad, este grito continuo me está dejando afónica.
Hay voces que me sugieren y voces que me ordenan. Que me incitan a ser como soy, querida por muchos, me dicen, odiada casi por otros tantos al menos y mientras pequeñas mariposas van ordenando en mi mente el montón de nombres, con el montón de caras: tú a los buenos recuerdos, a ti te tiro porque quiero olvidarte y tú… al cajón de las posibles sorpresas.
Y todo esto ocurre mientras enloquezco. Quizá el mundo es demasiado complicado, o quizá sea yo y resulta que todo es más fácil de lo que imagino.

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